Apoyado literalmente contra los muros milenarios de la Mezquita-Catedral de Córdoba, Bar Santos ostenta el honor de servir uno de los bocados más fotografiados y celebrados de la gastronomía andaluza: sus gigantescas tortillas de patatas de más de una veintena de huevos y varios kilos de peso.
El ritual es inmutable y forma parte de la memoria colectiva de la ciudad: pedir un generoso pincho de tortilla con su textura jugosa y sabor equilibrado, acompañado de una caña bien fría o una copa de fino cordobés, y salir a disfrutarlo de pie al aire libre contemplando las celosías califales del monumento.
La atmósfera informal y bulliciosa que rodea la calle Magistral González Francés durante la caída de la tarde ofrece un espectáculo visual y gastronómico único en el mundo, donde la historia monumental se funde con el tapeo más popular.
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